—No quiero irme de aquí -confiesa- por muchos motivos que me parecían muy buenos hasta que te encontré. -Da una suave palmada, frustrado; las palabras no salen como él quería-. Sé que no pediste ser mi razón p
Se vuelve para tomar mis manos entre las suyas y, de repente, estoy un poco asustada. Me las aprieta con fuerza y los ojos se le llenan de lágrimas. Es como si yo fuera lo que evita que él caiga por un precipicio.
—Lo había entendido todo mal -sigue diciendo-. Antes de encontrarte creía que la única forma de resistir era tener algo por lo que vivir. Y no es eso. Para resistir, debes encontrar algo por lo que estés dispuesto a morir.
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